14 valientes mujeres defendieron Miranda de Ebro

Por Fernando Cardero Elso

 

Como autor de “Yo fui presa de Franco” y mi vinculación personal y profesional con Miranda de Ebro, ciudad en la que vivo desde hace más de 25 años, cuando me propusieron ofrecer mis impresiones sobre algún capítulo del libro, no dude en elegir aquel que hablaba sobre las mujeres mirandesas.

Me siento especialmente orgulloso de haber participado en la escritura de este capítulo porque, a través de él, podemos conocer los nombres de 14 valientes mirandesas que se enfrentaron al golpe de estado fascista y lucharon por defender su ciudad y sus familias. Mujeres que hasta la edición del libro eran personas anónimas, inexistentes, no solo para los burgaleses, sino, incluso, para los propios mirandeses y mirandesas. Mujeres de las que ni siquiera se conocía su nombre, mucho menos sus rasgos físicos, sus profesiones, sus afiliaciones o sus familiares. No hay que olvidar que alguien anónimo no existe; con este libro hemos pretendido cambiar este hecho.

Con este artículo quiero mantener el recuerdo de Rosario Martínez García, Luisa Saíz Mazo, Paulina Martínez Unceta, Judit Porres, Fermina Arcauto, Julia Zuazo, Dolores Portillo, Natalia Quecedo Barcina, Carmen Fernández Tamayo, Nieves Corral Lasa, Inés Hérranz Ruiz, Carmen del Val Cantera, Pilar Acevedo Ezcurra y Clara Hernández.

Todas, valientes mujeres que participaron el 18 y 19 de julio de 1936 en la defensa de la Villa, acudieron a la Casa del Pueblo para organizarse, viajaron a Eibar a comprar armas con las que defenderse, asaltaron las armerías, acudieron a viviendas e Iglesias en busca de fascistas, lucharon contra la Guardia Civil, adscrita al mal llamado bando nacional, por defender la libertad y la democracia.

Valientes mujeres que fueron vilipendiadas, sometidas a duros castigos, separadas de sus maridos y de sus hijos.

Valientes mujeres que fueron insultadas por sus propios vecinos.

Valientes mujeres que fueron juzgadas y condenadas por el simple hecho de ser republicanas y demócratas.

Valientes mujeres que sufrieron cruentos años de prisión en condiciones infrahumanas.

Valientes mujeres que vieron su juventud perdida.

Valientes mujeres que vieron sus anhelos truncados.

Valientes mujeres cuyos maridos, novios y familiares fueron fusilados.

Valientes mujeres que fueron desterradas de su lugar de origen.

Valientes mujeres que tuvieron que subsistir en una España dictatorial que masacró a los vencidos durante los 40 años de dictadura.

Valientes mujeres que criaron a sus hijos en un ambiente extremadamente difícil.

En definitiva, valientes mujeres que debían ocupar un lugar digno en la historia de este país. Todas merecen un reconocimiento especial y este libro pretende ser un pequeño, pero sincero homenaje hacía todas ellas.

 

 

“Yo fui presa de Franco” se presentó en la Casa de Cultura de Miranda de Ebro el pasado mes de diciembre. El periodista de Miranda FM, José Ángel García, fue el encargado de conducir el acto, junto a los autores del libro. Reflexiones sobre el mismo, lectura de un pasaje y un posterior turno de preguntas resumen un acto sencillo, pero emotivo en la localidad burgalesa.

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Me permiten una reflexión

Como uno de los autores de “Yo fui presa de Franco” he sacado unas cuantas reflexiones. No llego a entender cómo en la provincia de Burgos, donde no existió ningún frente de guerra, con la excepción de la parte que linda con Vizcaya, pudo existir tanta represión, donde encarcelaron a más de 280 mujeres, sin contar lo que, sin duda, existió, pero que no ha quedado reflejado, como fueron los fusilamientos en diferentes localidades burgalesas.

Otra reflexión es lo que debieron de sufrir, no solo durante la detención en sus propios pueblos, donde fueron vilipendiadas, maltratadas y, en ocasiones, violadas. Todas ellas sufrieron en su dignidad al raparles el cabello al cero y hacerlas ingerir aceite de ricino, además de ser paseadas por su pueblo, entre sus propios vecinos, que se burlaban al son de la música que las acompañaban en el recorrido diario por las calles del pueblo.

El sufrimiento siguió al llegar a la prisión provincial de Burgos. Permítanme un inciso; -paradojas de la vida, hoy este centro de horror y muerte se ha convertido en un teatro-. Continuo para relatarles que en este horrendo lugar pasaron muchos días, años… en medio del horror, del miedo; con falta de salud, de higiene; entre lloros, blasfemias, voces entrecortadas, sollozos, toses. Todos estos sufrimientos los pasaron simplemente por pensar diferente, por defender a sus seres queridos o por encontrarse ese día en el lugar equivocado.

Los sufrimientos no acabaron con la obtención de la libertad condicional. Sus pesadillas continuaron durante años, algunas no pudieron volver a sus lugares y fueron desterradas a cientos de kilómetros de su lugar de residencia. Otras no tuvieron fuerzas para volver, malvivieron, trabajaron en lo que pudieron y siempre fueron vistas como “las rojas”. Término despectivo con el que se referían a las personas malas, de ideas disolventes.

Las mujeres que volvieron a sus lugares de residencia tampoco lo tuvieron fácil; se encontraron sin nada, les habían requisado por la Ley de Responsabilidades Políticas, promulgada por el gobierno franquista, todas sus pertenencias: la casa, las tierras, el ganado… todo se lo quedó el Estado. Sus vidas fueron un infierno y los culpables de ello nunca pagaron sus crímenes, sino que gozaron y obtuvieron prebendas.

Pero llegará el día en el que se revisarán las condenas y se devolverá el honor y la dignidad a estas mujeres que lucharon por defender el orden institucional y la libertad.

 

Fernando Cardero Azofra