¡Eureka! ¡Albricias! En este mes veraniego de agosto, por primera vez en varios años, no se ha oído hablar del Gibraltar Español; es posible que se haya debido a que el ministro García Margallo cesó en el ministerio y su sucesor, el señor Dasti, se ha dedicado más a encontrar una embajada donde pasar sus vacaciones por la cara que en preocuparse de los asuntos de Estado.

Sin embargo, sí ha existido una polémica a nivel nacional que ha consistido en si debería efectuarse un homenaje al concejal del PP en el pueblo de Ermúa, Miguel Ángel Blanco, que, como todos sabemos, fue asesinado por ETA hace 20 años. Me parece bien que se le haga un homenaje. Pero también me pareció bien que algunos ayuntamientos, regidos por alcaldes de otros partidos políticos, se hayan mostrado reticentes con estos homenajes si no se llevaban a cabo con todas las víctimas. Llevo años estudiando lo sucedido en la Guerra Civil, y Miguel Ángel Blanco se merece un homenaje, pero sería de justicia que dicho homenaje incluyera a estos jóvenes que también fueron asesinados por defender la libertad, la justicia y la democracia.

Eladia Sanz Mugito, en 1936 tenía 22 años, vivía en la Barriada de Las Ventas, en Madrid. Como miembro de Cruz Roja se encontraba con un grupo de milicianos en Somosierra, cuando fue capturada por las tropas rebeldes mandadas por el comandante de caballería, Julio Pérez Salas. Esta madrileña fue enviada a Aranda de Duero y, desde esta localidad, es reclamada por el gobernador civil de Burgos, el general Dávila, quien la envía a la prisión provincial. A los pocos días y sin ningún juicio es sacada de la prisión y asesinada en algún lugar desconocido.

El soldado de infantería del Regimiento de San Marcial nº22 en Burgos, Antonio Santiago Gutiérrez, el día 18 de julio de 1936 no aceptó las órdenes de los capitanes rebeldes de salir a la calle y sublevarse contra el gobierno democrático.

Por este motivo fue encarcelado y, en el mes de septiembre, juzgado por un tribunal militar en el juicio sumarísimo nº345/36. Fue condenado a muerte. La sentencia se cumplió en el campo de tiro de Vista Alegre, a las seis horas del día 6 de octubre.

En la orden de ejecución, compuesta por siete párrafos, hay alguno muy duro:

El cuarto dice así: “la custodia del reo en la prisión central donde se encuentra, desde la entrada en capilla hasta el momento de ser trasladado al lugar de ejecución, se hallara a cargo de los oficiales y fuerzas de la prisión”.

El sexto apartado dice: “En la formación del cuadro, el piquete de ejecución se colocará frente al reo, formando en los otros dos lados, de derecha a izquierda, los piquetes de los demás cuerpos. El mando del cuadro lo tendrá el comandante del Regimiento de Artillería Ligera nº11, don Luis Galligo Kolli.

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