Mercedes (Y III)

La cárcel de Málaga, entonces Prisión Central de Mujeres, era un edifico viejo y destartalado, que había sido en tiempo corral de caballos. Salvo un patio central donde se hacía la vida, las brigadas eran recintos oscuros y lúgubres donde a cada presa le correspondía poco más de dos ladrillos de anchura, aproximadamente 50 centímetros; ahí dormían, ni que decir los problemas que surgían cada noche al hacer las camas, discusiones inevitables, protestas, insultos a los que, finalmente, se acostumbraban.

En la prisión convivían mujeres políticas, presas comunes y muchas reclusas jóvenes con sus hijos, a quienes el director, como gracia especial, permitía que permanecieran en la prisión hasta cumplir los siete años. Como medida especial disfrutaban de unos malos camastros. Daba pena verlos; desnutridos, depauperados. La alimentación en la cárcel, a pesar de que sus madres se quitaban lo poco que nos daban para dárselo a ellos, siempre era insuficiente. La falta de vitaminas y el sol malagueño hacía que su piel estuviera tostada y ajada. A todos estos males se unía que la mayoría eran huérfanos o sus padres se hallaban encarcelados.

Mercedes, junto con sus compañeras presas políticas, muy pronto empezaron a organizarse y a reunirse, constituyendo grupos de defensa, de estudio y de solidaridad. Durante los dos años que permanecieron en Málaga pusieron en marcha, entre otras actividades, un grupo de cultura que ayudó a muchas presas a aprender a leer y a escribir.

El director se dio cuenta de que con su presencia la cárcel se estaba convirtiendo en algo no deseado y quiso quitarse el problema. En la primera ocasión que pudo, las envió a la prisión de Segovia.

Y así terminaba un periplo para Mercedes que pasó durante 18 años recluida en seis cárceles distintas;  Ventas, Alcázar de San Juan, Linares, Córdoba, Málaga y Segovia. Prisiones distintas, pero iguales; con condiciones de vida lamentables y en las que las presas sobrevivían gracias a la solidaridad de unas con otras. En las que vieron como muchas morían enfermas o de hambre o de frío; y otras eran ejecutadas en aquellas terribles noches. Mercedes lo ha podido contar para vergüenza de ese régimen que provocó tanto sufrimiento a España y a los y a las españolas simplemente por pensar diferente.

FOTO: Briega.org

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