Mercedes (II)

A los tres o cuatro días, se hicieron dos expediciones de reclusas; unas con destino a Málaga y otras dos a la cárcel de mujeres de Amorebieta, con un total de 14 reclusas en cada expedición. Fue una medida represiva y Mercedes fue una de las expedicionarias que la sufrió. Salir trasladada en esos tiempos resultaba una penosa peregrinación, dadas las circunstancias que acompañaban el viaje. Además se perdían las relaciones con los familiares, amigos y también la relación de compañerismo y solidaridad existente entre las presas. Asimismo, se perdía algo muy importante como era la llegada de alimentos, indispensables para la subsistencia.

Hasta llegar a Málaga, Mercedes estuvo en las cárceles de Alcázar de San Juan, Linares y Córdoba. En la cárcel de Alcázar de San Juan en el año 1946 empieza su calvario. Esta prisión era un hervidero de reclusas hacinadas, de todas las clases sociales, lo mismo había una que había robado un melón que una prostituta. El olor era pestilente, sin ningún tipo de higiene, las necesidades se tenían que efectuar en un cubo que nadie limpiaba, se dormía en el suelo, soportando un frío y un olor espantoso. Fueron dos días espantosos para Mercedes y sus compañeras reclusas.

El viaje continuó a Linares; después de un día de camino en un tren, llegaron a la estación y a pie, en medio de la expectación de la gente, recorrieron varias calles hasta llegar a la prisión, produciendo las mismas reacciones en la gente que les miraba sin saber bien cómo catalogarlas. La cárcel de Linares reunía mejores condiciones que la de Alcázar. Las reclusas en su mayoría eran presas comunes, jóvenes, huérfanas de guerra o bien tenían a sus familiares en prisión o fusilados. Les  acogieron muy bien y sintieron tener que marcharse.

De Linares a Córdoba, ya cansadas de tanto viaje y para remate tuvieron que caminar varios kilómetros desde la estación a la Cárcel Nueva, apremiadas por los guardianes que, sin duda, querían regresar a sus casas lo antes posible, sin importarles en absoluto si podían o no seguir el paso que les querían imponer. Al fin llegaron y las llevaron la sala de ingresos, conocida como el lazareto. La cárcel era nueva y disponía de ciertas comodidades que no existían en Ventas. Pudieron dormir en cama con colchón después de tres años de hacerlo sobre un áspero y duro petate. En esta cárcel, pese a tantas amarguras, tantas injusticias, tanta falta de humanidad como existía por parte de los vencedores, fue donde sintieron una verdadera camaradería con las reclusas. Repartieron con ellas lo que tenían, su comida, su simpatía, sus recuerdos, no oyeron una queja, a pesar de que lo que contaban producía escalofríos.Una de ellas había presenciado con sus propios ojos como los falangistas fusilaban a su marido y a sus hijos.

Los días transcurridos en Córdoba, hasta la marcha a la prisión de Málaga, fueron los que mejor recuerdo guarda Mercedes de los dieciocho años de cautiverio. Pero todo toca a su fin y a los tres días les llevaron de nuevo al lazareto y, acompañadas de cuatro guardias civiles armados hasta los dientes, atravesaron la ciudad por las mismas calles y con las mismas sensaciones. Les montaron en un tren y siguieron el viaje hasta Málaga nuestro último destino.

FOTO de cárcel de mujeres de Córdoba: Arcangelbedmar.com

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Mercedes (I)

En los próximos capítulos del blog hablaremos de Mercedes; una mujer republicana y comunista, que permaneció durante 18 años cautiva en las cárceles franquistas. Mercedes lo pudo contar; para otras muchas el camino recorrido fue más corto. En tapias del cementerio, cunetas de los caminos o parajes desconocidos fueron asesinadas por los falangistas.

Mercedes tenía 18 años cuando comenzó la Guerra Civil. Participó en la defensa de Madrid y al gobierno del Frente Popular. Al hacerse con el mando de la capital la Junta de Casado, fue detenida y encarcelada en la prisión de Las Ventas. Con la entrada en Madrid de las tropas franquistas fue puesta en libertad, aunque por poco tiempo. A los tres días las fuerzas franquistas la detuvieron otra vez. Después de sufrir un trato vejatorio, fue puesta en libertad con la obligación de presentarse cada día en comisaria, Mercedes no cumplió esta orden y se marchó primero a Bilbao y luego a La Coruña. En la capital gallega la detuvieron, acusándola de organizar el Partido Comunista. Tras el juicio la condenaron a pena de muerte, que meses después fue conmutada por 30 años de reclusión mayor.

Mercedes fue trasladada a la prisiónde Las Ventas. Allí se encuentra con una maravillosa organización del Partido, a través del desarrollo de actividades como la formación de grupos de cultura y cursillos políticos que impartían mujeres intelectuales que estaban cumpliendo condenas. Todas estas tareas eran coordinadas con el trabajo de pequeñas labores que se vendían y ayudaban a la subsistencia en la prisión y al fortalecimiento del espíritu revolucionario.

Durante la estancia en Las Ventas, Mercedes fue testigo directo de dos hechos importantes. Una noche se fugaron de la prisión dos mujeres condenadas a muerte, gracias a la colaboración de una funcionaria que les abrió la puerta. También el comportamiento solidario de las presas, que retardaron el recuento, con lo que dio tiempo suficiente para que las dos pudieran huir. Cualquier motivo en los años 40 a los 50, justificaba la imposición de sanciones y castigos que iban desde suprimir la comunicación, los paquetes y el propio correo, hasta meterte en celdas de castigo totalmente incomunicada, aunque nunca falto el sentido de solidaridad y el compañerismo, mucho más acentuado en momentos graves y trascendentales.

El otro hecho que hizo referencia Mercedes, fue la primera huelga de hambre que tuvo lugar en Las Ventas en enero de 1946, en protesta y solidaridad por la incomunicación de una reclusa que se negó a tomar la comida, es decir, un cazo de agua sucia caliente. Al conocer el castigo, el resto de las reclusas, incluidas las presas comunes, se declararon en huelga de hambre. Se comunicó a la Dirección de la cárcel que volverían a comer cuando se hubieran subsanado los motivos que condujeron al castigo de la reclusa. Después de seis días de huelga, la dirección aceptó las propuestas y se levantó el castigo, aunque no se aplicaron sanciones por mantener esta actitud. La Dirección puso una nota grave en los expedientes de las presas políticas. La huelga tuvo resultados fructíferos, que hizo que la dirección respetase un poco a las presas políticas y marcó un hito en la historia de las cárceles franquistas, abarrotadas de presas en todos los confines de la geografía española. Aunque lo conseguido no fue mucho, al menos, en las ocasiones en las que el rancho – escaso y de mala calidad- no estaba en las debidas condiciones, era el propio director quien pedía disculpas. Con seguridad que no resultaba de su agrado, pero la orden, sin duda, vendría de alguien superior para evitar que en el extranjero se supiera la calamitosa situación en que se encontraba la población reclusa.

Pero las consecuencias de la huelga y la huida de las dos reclusas pronto se dejaron sentir.