La semana pasada tuve una visita inesperada, me vino a ver una mujer, cuando llegó, la miré tras los cristales del lugar donde habíamos quedado y comprobé que no la conocía de nada, pero ella insistió en hablar conmigo y se presentó como “Chelo”, una mujer mirandesa, curtida en años pero con un aspecto verdaderamente saludable y juvenil.

Al llegar a la sala donde la recibí, nada más verme me saludó con un emotivo abrazo y vi que sus ojos se empañaban al decir mi nombre; acudía a la charla con un ejemplar del libro ” Yo Fui Presa de Franco” y me contó su historia, la cual me dejó impactado y no he podido reprimir el impulso de escribir, contando, claro está, con su permiso, este artículo para el blog.

Consuelo Gobantes Plágaro, “Chelo”,  tiene en la actualidad 93 años y es la mayor de los cinco hijos que tuvo el matrimonio Benito Gobantes Gómez y Andresa Plágaro Escalona.

Benito se encontraba detenido en la cárcel de Miranda por un delito común el 18 de julio de 1936, fue sacado de la prisión ese mismo día y acudió a su casa para reencontrarse con su familia; al día siguiente su mujer le dijo que las Fuerzas del Orden estaban deteniendo a los Concejales, sindicalistas y personas afines a la República por lo que debería tener cuidado ya que había estado en la cárcel; él sin embargo la respondió que nada tenía que temer ya que no estaba metido en política y por lo tanto estaba a salvo de estas detenciones; inocentemente le comentó a su mujer que si preguntaban por él estaba en el barrio de Los Corrales.

Lamentablemente los hechos sucedieron de un modo completamente distinto, Benito fue detenido, trasladado a la cárcel de Burgos, juzgado y condenado a muerte junto a 41 ciudadanos mirandeses.

Chelo me entregó el certificado emitido por Calixto López Río, capellán del cementerio municipal San José de Burgos, donde figura la relación de los 42 nombres que fueron inhumados en la llamada “Fosa Común” del citado cementerio. Además me cedió el certificado de defunción de su padre, donde se cita literalmente que tenía 37 años, era natural de Anguciana (Logroño), hijo de Víctor y Nicanora, domiciliado en Miranda de Ebro, profesión jornalero y de estado casado, ignorándose el nombre y demás circunstancias de su mujer, así como si ha tenido sucesión. Falleció en despoblado el 18 de septiembre de 1936 a las seis y minutos, a consecuencia de heridas por arma de fuego.

Al finalizar esta narración quise conocer un poco más de Chelo y su familia y la pregunté si quería contarme como fue su vida trás el fatal desenlace.

Ella me respondió que tenía 13 años cuando asesinaron a su padre y su hermana más pequeña, 8. Su madre, Andresa, además de tener que soportar el fusilamiento de su marido, se encontró en la calle con sus cinco hijos ya que la embargaron su casa, aunque pudieron sacar los muebles y tuvieron que malvivir durante años en una antigua cuadra que les dejaron, hasta que pudieron alquilar una buhardilla por 25 pesetas al mes.

Chelo tuvo que dejar muy pronto de estudiar, ya que las necesidades familiares acuciaban. Trabajó de niñera en una vivienda de Miranda, a cambio de 15 pesetas al mes, una onza de chocolate y un trozo de pan, de ahí paso a ser niñera en otra casa de Miranda por un salario de 25 pesetas al mes.

Su madre fue una mujer muy conocida en Miranda por su fama de trabajadora, estuvo tiempo lavando 80 mudas de soldados todas las semanas a cambio de que estos le suministrasen comida para sus hijos. También fue colchonera en Miranda y trabajó en todo aquello que le permitiese dar de comer a sus hijos.

Éste es el relato que Chelo me contó en la conversación que mantuvimos, le firmé el libro y nos despedimos con un abrazo sincero.

Nunca se podrá resarcir a esta familia del dolor por la pérdida de un marido y padre, nunca se les podrá resarcir del hecho de quitarles su vivienda, de obligarles a trabajar para sobrevivir, de impedirles estudiar, de estar durante 40 años señalados por el Régimen que acabó con las libertades de este País.

Animamos a todos aquellos y aquellas que tengan historias similares a la de Chelo a contar sus vivencias personales para que de esta manera no se pierdan en el olvido y sirvan para que no se vuelvan a repetir hechos tan funestos para la historia de este país.

 

FOTO: Burgos1936.com

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