Homenaje en piedra

La Asociación “Mujeres con Memoria / Oroimenaren Aldeko Emakumeak” de Navarra pondrá el próximo 24 de mayo la primera piedra de un monumento en Peralta dedicado a todas las mujeres víctimas- resistentes / 1936. La obra pretende estar terminada para el mes de octubre. Se trata de un conjunto escultórico en reconocimiento a su lucha y resistencia, así como a su legado de amor. Consideran un deber de justicia y gratitud rendirles este homenaje.

También es una forma de dar las gracias por el legado ético, por el ejemplo de dignidad y por transmitirnos el orgullo de pertenencia a un pueblo que lucha sin descanso por la Verdad, la Justicia y la Reparación.

Es un proyecto participativo y, por tanto, está abierto a todas las personas que compartan el deseo de reconocimiento a todas las mujeres víctimas-resistentes / Navarra 1936. Está planteada como una iniciativa colectiva. Se pretende construir un conjunto escultórico de forma autogestionada, la mano de obra y las aportaciones económicas de personas y entidades solidarias con el proyecto son imprescindibles. El Ayuntamiento de Peralta – Azkoien ha mostrado su apoyo al proyecto cediendo un lugar en el Parque del Arga para su ubicación. También contribuye facilitando la infraestructura necesaria para su instalación.

Una vez fabricada la escultura, y previo a su inauguración, se procederá al acto colectivo más importante y emotivo; todas las personas que hayan mostrado su disposición a participar en él, podrán introducir en el interior de la escultura un canto rodado personalizado.

Imagen: Clubrural.com

Madres

“A mí lo que me da pena– decía Sebastiana a Natalia Quecedo- es que muchas de las cosas que nos están pasando resultarán incompletas, porque el paso del tiempo hará que no se acuerden de ellas”.

Sebastiana es una de las 151 reclusas que estuvo presa en la cárcel de Burgos.

 “¿Recordarán con el tiempo a los miles y miles de personas que estamos presas, a las que han sido fusiladas, a los miles que han tenido que exiliarse, a los represaliados y, sobre todo, recordarán a vuestros hijos y lo mal que lo están y estarán pasando. Nos recordarán como personas que luchamos por la libertad y la democracia o nos dejarán en el olvido?”, se preguntaba Sebastiana día tras días.

“Solo sé Natalia, -continuaba Sebastiana- que en España en esta época no se hizo ninguna discriminación cuando se detenía a una mujer. Corrimos y sufrimos los mismos riesgos que los hombres de la familia que se encuentran detenidos, exilados o que han sido fusilados. Únicamente quedaron en las casas las mujeres mayores y los niños; y ¿qué podían hacer?, sin ayuda, sin dinero, sin hacienda y, en muchos casos, sin vivienda”, sentenciaba.

Y los niños pequeños, presos junto a sus madres. Muchos encontraron la muerte en las cárceles. Sebastiana relata en “Yo fui presa de Franco”  las penurias que padecieron los niños y niñas en las prisiones franquistas. Ella conocía esta realidad, porque muchas de sus compañeras presas tenían a sus hijos con ellas en la prisión: “Aún resulta peor lo que sucede con los niños o niñas menores de tres años; el régimen franquista permitió a las madres llevarlos con ellas a prisión. Esta situación presentaba, simplemente, una tragedia. Pasar hambre es duro, carecer de lo más necesario y de la falta de libertad, también. Pero ver a los hijos hambrientos, enfermos, y carecer de medios para curarlos, representa lo más cruel de encontrarnos encarceladas. Las madres que conozco con hijos en este infierno están agotadas, famélicas, carecen de leche materna para criarlos, sin comida para alimentarlos, sin agua para lavarlos, postrados inertes en miserables petates, sin ropa, llorando desconsolados por hambre. Sin duda, estas madres son las que más sufren en prisión. Un simple catarro, una colitis, una infección, o el calor del verano, es para ellos enfermar y morir. Empezaba un clamor ronco y confuso de uno y a continuación el de otro y así día tras día, sin poder hacer nada por salvarlos. Pero todas las mujeres que tenéis hijos, nada más pensar que quedarán abandonados en el pueblo, en la ciudad o en la calle, sin amparo, ni cuidado, la situación os resulta todavía más triste y abrumadora”.

Los casos de niños y niñas que se vieron abocados a sufrir estas circunstancias resultaron patéticos. Unas mujeres, por no saber con quién dejarlos, sus familiares carecen de medios o se encontraban presos o exilados. Y, otras, porque sabían que quedarían abandonados a su suerte, sin padre, ni madre a quien acudir, decidieron llevárselos a la prisión.

Las autoridades franquistas permitían que continuasen junto a sus madres hasta cumplir los tres años. Luego se los llevaban a un asilo y ya no los volvían a ver jamás. En el hospicio, según sabemos, los trataban muy mal. Aunque, generalmente, por lo que conocemos, morían en prisión antes de alcanzar los tres años. Los niños que lograban sobrevivir eran dados en adopción o, simplemente, trabajaban para las corporaciones del Regimen de ordenanzas, aunque la gran mayoría quedaban abandonados a su suerte en cuanto cumplían los 16 años.

Las calamidades pasadas en cautiverio por los presos del franquismo, sin duda, fueron muchas, pero especialmente duro tuvo que ser el sufrimiento que padecieron las mujeres presas que tuvieron con ellas en las cárceles a sus hijos menores de tres años.

Este artículo es un homenaje a todas las madres encarceladas durante el franquismo y, también, pretende dar respuesta a las preguntas de Sebastiana. Intentamos que la historia de los miles de presos y presas no quede en el olvido. Intentamos contarlo con el mayor detalle e intentamos ser escrupulosamente cercanos a la realidad.

Muchas son las trabas que nos encontramos, pero nosotros los seguiremos intentando. Por Sebastiana.

Foto: La Memoria Viva

 

 

En recuerdo

En este blog resulta obligado exponer, para recuerdo de sus familiares, la procedencia de cada una de las presas de Burgos y provincia que fueron encarceladas en la prisión Central de Burgos. 151 mujeres presas de 37 localidades burgalesas.

BURGOS:  Cayetana Bretón Álvarez, Elena Ramiro Bretón, Carmen Pérez Balbas,  Soledad Arnáiz Arroyo, Fidela Barrio Duque , María Cruz Barrio Duque y Natalia Barrio Duque, María Paz Abad Bernal, María Salinero Olmedo,Valentina Moreno Marcos, Pilar Lavín Hidalgo, Marina Lavín Hidalgo,  Beatriz Aranzana Ramos, Dolores Marín,Donata Marrón  Andrés,  Lorenza Toledano Arenas,  Juana Aguilera Illana.

CASTROMORCA (Partido Judicial de Villadiego):  Sergia Izquierdo García.

MIRANDA DE EBRO: Rosario Martínez García, Luisa Saíz Mazo, Paulina Martínez Unceta, Judit Porres, Fermina Arcauto, Julia Zuazo,  Dolores Portillo, Natalia Quecedo Barcina, Carmen Fernández Tamayo, Nieves Corral Lasa, Inés Hérranz Ruiz, Carmen del Val Cantera, Pilar Acevedo Ezcurra y Clara Hernández.

TERMINÓN (La Bureba): Sebastiana Alonso Tortajada.

SASAMÓN:  Matilde Pérez García.

PALACIOS DE LA SIERRA:  Mercedes Chicote Alonso.

VILLAQUIRÁN DE LOS INFANTES:  Dionisia Arroyo Alonso.

OÑA:  Teopista Bárcena Alonso Linaje (residente en Medina de Pomar).

MEDINA DE POMAR:  Teopista Gallaga Bárcena,  Patrocinio Corrales,  Dolores Solsona Terés.

YUDEGO: Segunda Santamaría,  Emilia Velasco Santamaría.

SONCILLO: Pilar Hidalgo Díaz,  Ángela López Villasante.

NOCEDO: Dolores Martínez Pereda.

ARIJA:  Hilaria García Ruiz,  Pilar Iglesias Sainz, Serafina Montejo Gómez,  Piedad Saiz Iglesias, Máxima  Saiz Iglesias,  Carolina Rivero Gil,  Concepción Gutiérrez Ayala, Claudia Balín Blanco, Irene García Ruiz, María Paz Alonso Ortega, Emilia Gutiérrez Vigo, María Mediavilla Fernández, Avelina Terradillos Mata,  Isabel Vigo Guadalupe, Laura Alonso, Basilisa Salcedo Sedano, Felicitas Montes Montes, María Ayala Jordé, Escolástica Serna Díaz.

MONTEJO DE BRICIA: Agustina Peña Martínez (residente en Arija),  Antonia López Gómez.

ESPINOSA DE LOS MONTEROS: Amelia Baranda Fernández,  Benilde Gutiérrez Fernández,  Clementina Riaño Mediavilla, Apolonaria Gutiérrez Solana,  Carmen Fernández Ortiz.

OLMEDILLO DE ROA: Benilde Cavia Valenciano (residente en Burgos).

QUINTANILLA DE LA MATA: Resurrección Rodríguez Rodríguez, Ifigenia Núñez Serrano, Cecilia Barbero Nebreda, Agapita Catalán Santillán, y Benita Labrador Angulo.

VILLAMAYOR DE LOS MONTES: Concepción Delgado Haro,  Celina Santillán,  Petra Catalán.

SEDANO: Josefa Canal Bueno, Emilia y Amalia Díez Díez, Rosaura Santamaría Vicario, Filomena Peña Sáez, Inés Múñoz Muñoz, Anatolia Muñoz Peña, Teresa Fernández Hidalgo, Guillerma Gómez Gómez, Otiliana Rodríguez Rámila, Feliciana Ruiz García, Margarita Rodríguez Rodrigo y Eutiquia Canduela Millán.

BELORADO: Eugenia Corral Fontecha.

LOS BALBASES:  Nicéfora Rodríguez Fernández.

PAMPLIEGA: Modesta Fernández Santamaría.

QUINTANILLA DEL AGUA:  Rufina Lozano Camarero.

ROZAS ( Merindad de Valdeporres):  Felipa Sainz Sainz,  Isabel Gómez Varona, Leonor Sainz Peña y Antonina López Peña.

BÁRCENAS DE ESPINOSA: Pilar Llarena González.

HONTANGAS: Bonifacia Bajo Pascual.

SARGENTES DE LA LORA: Josefina Gallo Canal.

SANTA CRUZ DEL VALLE URBIÓN: Fernanda Garachana Alonso.

VILLADIEGO: Clementina Riaño Mediavilla, Mercedes Somavilla Martín.

CEREZO DE RIOTIRÓN: Clementina Pozo Ezquerro, Florentina Rodríguez Pozo, Anacleta Riaño Ansorena.

ARANDA DE DUERO:  Ezequiela García Gómez,  Cándida Gil Perdiguero, Evarista Arauzo Miguel y Ángeles Rodríguez Berrojo.

ROA: Filomena Benito Meneses.

BRIVIESCA: Avelina Peña Martín.

CALERUEGA: Inocencia Aragón.

COVARRUBIAS: Honorata Cámara,  Julia Merino Beltrán.

TORRECILLA DEL MONTE: Manuela Tomé Tomé.

VILLASANDINO: Ramona Esteban Gutiérrez

Se cerraron las ventanas y el bacalao se pudrió más deprisa

Teopista Bárcena y Teopista Gallaga Bárcena, madre e hija vecinas de Medina de Pomar, fueron condenadas -como se puede leer en el libro “Yo fui presa de Franco”- a diez años de prisión. Los tres primeros los pasaron en la cárcel de Burgos. Una prisión vieja y sucia, carente de comodidades, pero cuando les dijeron que las trasladaban a la cárcel de Amorebieta, no supieron si sentirse aliviadas o preocupadas.

La prisión vasca era un antiguo colegio y fue hospital durante la guerra. Tenía dos amplias naves; en la más larga se hacinaban 500 presas políticas y en la más pequeña convivían 200 presas comunes. Los servicios básicos eran absolutamente insuficientes- según cuenta Teopista en un escrito que envía a su hermano- donde describe que en su nave funcionaban sólo dos váteres, no había duchas y una estrecha y larga pila, a modo de abrevadero para ganado, era el lavabo.

A través de la misiva, también podemos saber que la comida era escasísima y mala, con acusada discriminación para las “convertidas”, que iban a misa diaria y comulgaban de vez en cuando. Así conseguían alguna patata flotando en el agua. Para las rebeldes, agua sola.

En la enfermería, situada en el primer piso, la sobre alimentación era un pedazo de bacalao, hasta tal punto podrido, que acudió el alcalde del pueblo para protestar por el nauseabundo olor que, a través de las ventanas del almacén, apestaba el pueblo. Las ventanas fueron cerradas y el bacalao se pudrió más deprisa, pero siguió figurando en el menú diario.

Por otra parte, ni se organizaba, ni se permitía nada que recordase a escuela, taller o cosa parecida. Era obligatorio el descanso dominical y en las fiestas debían permanecer un día entero mano sobre mano. No había un solo libro, pero el hambre era tan grande que nadie pensaba en cosa semejante.

La asistencia médica tampoco existía. En la prisión de Burgos había al menos un preso que ejercía de médico.

En cuanto al trato de las monjas oblatas, encargadas de gobernar la prisión, éste era horrendo. Ejercían un chantaje sobre las reclusas especulando con el hambre para conseguir el arrepentimiento. El capellán era un demonio lujurioso y ofensivo; para él las presas eran, como menos,  ladronas, asesinas o prostitutas.

“El resto del tiempo se luchaba por sobrevivir, estábamos ya eliminadas de la vida normal del trabajo, saldríamos demasiado tarde, demasiado marcadas, demasiado cansadas”, concluye Teopista en su carta.

Imposible olvidarlo por mucho que algunos se empeñen.

 

FOTO: Ahaztuak 1936-1977.blogspot.com