1ª MEDALLA DE ORO DE LA CIUDAD DE BURGOS OTORGADA AL CAUDILLO

El miércoles 29 de septiembre de 1.937, ante la exaltación del aniversario de la recepción de los altos poderes de jefe del estado al general Franco, el Ayuntamiento de Burgos en sesión plenaria, mediante una moción del Sr. Plaza, propuso y fue aceptado, que al generalísimo se le otorgara el título de Alcalde honorario de la ciudad y además se le otorgara la primera medalla de oro.

Reproducimos el texto íntegro de la moción para conocimiento de los lectores:

Con acierto insuperable, la orden de la Presidencia de la Junta Técnica del Estado de 28 de los corrientes,ha establecido la Fiesta Nacional del Caudillo,que se celebrará anualmente el 1 de octubre para conmemorar la fecha en que fue proclamado Jefe del Estado español y generalísimo de los ejércitos de tierra, mar y aire , el Excmo. Sr. D. Francisco Franco Bahamonde, Jefe Nacional de Falange española tradicionalista y de las J.O.N.S. y caudillo supremo del movimiento salvador de España.

Si no fueran bastantes los méritos insuperables que en el transcurso de su vida ha ido acumulando en beneficio de España personalidad tan ilustre, tanto en los cargos preeminentes que ocupó, como en su actuación guerrera en tierras de África, su magnífica aportación al Glorioso Movimiento Nacional, iniciándolo con toda valentía y dedicándole toda su capacidad, patriotismo y competencia, sirviendo de guion alrededor del cual se agruparon todos los buenos españoles para derrotar al comunismo internacional, serían títulos suficientes para guardarle imperecedera gratitud todos los hijos de la noble España. Pero su actuación dirigiendo esta campaña, con acierto insuperable, conquistando territorios extensísimos y poblaciones importantes, en alardes magníficos de técnica guerrera y precisión matemática que han asombrado al mundo, le hacen acreedor, tanto por el Estado, como por los Ayuntamientos, a que se le dediquen todos los homenajes de adhesión y gratitud que se merece.

Burgos, Cabeza de Castilla y Capital accidental de la nueva España, guarda en sus palacios y calles recuerdos imperecederos de los primeros momentos de nuestro Glorioso Movimiento Nacional. Desde la llegada del General Mola, pasando por la Constitución de la Junta de Defensa Nacional, la transmisión de poderes al Generalísimo, su residencia en nuestra ciudad durante largos periodos, hasta llegar al momento actual, nuestra población fue testigo de los mayores acontecimientos de la nueva historia de España que quedará marcada con huellas profundas como recuerdo indeleble en los siglos venideros.

En el Palacio de la División, el día 1 de octubre del pasado año, tuvo lugar la referida transmisión de poderes, y como recuerdo de la misma, la Alcaldía y posteriormente el Ayuntamiento, con gran acierto, acordaron perpetuarla por medio de una lápida ya colocada y a punto de descubrirse en la fachada principal de dicho edificio.

Todas estas circunstancias hacen que nuestra ciudad tenga motivos particularísimos para rendir un homenaje de cariño y adhesión al General Franco, a cuyo efecto debe de otorgársele los dos títulos más preciados que la Corporación Municipal puede conceder.

En virtud de lo expuesto, el Teniente de Alcalde que suscribe tiene el honor de proponer a V.E.que tomando en consideración esta propuesta y a los efectos que se determinan en el art. 61 de la Ley Municipal, acuerde.

1.- Que se conceda la primera medalla de oro de la ciudad al Generalísimo D. Francisco Franco Bahamonde.

2.- Que asimismo se le otorgue el Título de Alcalde honorario de Burgos, teniendo en cuenta que en esta ciudad fue donde recibió los máximos poderes del Nuevo Estado Español.

3.- Que se faculte a la Alcaldía para que, de acuerdo con la Comisión de Gobierno,realice cuantas gestiones y gastos sean necesarios para llevar a cabo dichos proyectos,encargando los pergaminos o placas oportunos y organizando los actos que sean precisos.

V.E., no obstante, resolverá lo que crea oportuno.

Casa Consistorial de Burgos a veintinueve de septiembre de mil novecientos treinta y siete ( II año triunfal).

La respuesta de la Comisión Permanente, ante la moción del Sr. Plaza, fue la siguiente:

El Ayuntamiento de Burgos, que tiene una tradición gloriosa de austeridad, honradez y buena administración y aunque el patrimonio real no sea rico, tiene un gran patrimonio espiritual de gestas históricas, el cual puede ofrecer en depósito al Jefe del Estado español y Caudillo D. Francisco Franco Bahamonde, rindiéndole este modestísimo homenaje como prueba de adhesión, lealtad, cariño y agradecimiento a su magnífica labor, a su acendrado patriotismo y valentía sin límites, emprendiendo esta Cruzada salvadora de España y de la Civilización.

Por ello, ha de dar al caudillo lo que posee, una tradición acrisolada de honradez, una tradición de austeridad, de gestión ejemplar y esta honradez nuestra y esta forma de actuar que ha tenido siempre, es la que esta Corporación puede ofrecerle en depósito al caudillo nombrándolo alcalde honorario.

Tiene además Burgos un inmenso patriotismo espiritual que es deber y satisfacción el conceder al caudillo la primera medalla de oro del Ayuntamiento

Un año después, el día primero de octubre de 1.938, el caudillo recibía de manos del Alcalde, el bastón de mando que le acreditaba como alcalde honorario de la ciudad y la medalla de oro, la primera que se le concedía.

Franco agradeció profundamente emocionado esta demostración de afecto de la Cabeza de Castilla, jamás la olvidará y corresponderá con un gran cariño, superado solo por su amor a España y a los soldados que luchan por su liberación.

EL PRIMER ALCALDE FRANQUISTA DE BURGOS

Manuel de la Cuesta y Cobo de la Torre. Enero 1.937- Mayo 1.940

El día 23 de enero de 1937, bajo la presidencia del gobernador civil de la provincia, se reunió con carácter extraordinario a las 12,30 horas en la Sala Capitular de la Casa Consistorial, el pleno municipal, con los señores, Carlos Arangüena y García, Martín Ávila Vivar, Francisco Casado Rodrigo, Manuel de la Cuesta y Cobo de la Torre, Ángel Díez de las Fuentes, Fidel Domingo Monedero, José Manuel Echevarrieta e Izaguirre, José González Barriocanal, Julio Gonzalo Soto, Pablo Jiménez Cuende, Salvador Martín Lostau, Isaac Martinez Mata, José Moliner Vaquero, Teódulo Nebreda Unginos, José Antonio Plaza Ayllón, Ángel Remacha Cadena, Rafael Sáiz Peña, Pedro Urrea Fernández y Manuel Nerea Corral. Todos, recibieron con antelación la correspondiente citación, indicándoles el objeto de la convocatoria.

1º Aprobación del acta de la sesión ordinaria celebrada el día 20 del actual.

2º Constitución del nuevo Ayuntamiento.

Se inició la sesión para elegir Alcalde-Presidente en la forma establecida por la ley, llamando uno a uno a los Concejales. Estos fueron depositando en una urna de cristal destinada al efecto las papeletas correspondientes. Finalizada la votación, el presidente procedió al escrutinio, leyendo en voz alta su contenido, advirtiendo a los Concejales que tenía el derecho a examinar y reconocer las papeletas. Se obtuvo el siguiente resultado:

Don Manuel de la Cuesta y Cobo de la Torre, dieciocho votos. Papeletas en blanco, una.

Estas fueron sus primeras palabras y el inicio de un largo periodo donde los ciudadanos no pudieron ejercer su derecho a votar a sus representantes en el Ayuntamiento y que iremos desgranado en el blog a través de nuevas publicaciones.

No es época de discursos, ni hay tiempo, ni voy a reteneros aquí para que escuchéis más que lo que en concretas palabras debo deciros. Primero, agradeceros la confianza que me habéis depositado. Segundo, daros cuenta de que seguiré el camino de siempre y que cuando no estéis contentos con mi manera de obrar, debéis decírmelo y entonces yo saldré satisfecho, diciendo que traté de cumplir con mi deber y que lo único que no conseguí fue acertar. Y tercero y esto es lo más principal, que desde el primer empleado al último, exigiré el cumplimento de su deber, estrictamente lo mismo a los de arriba que a los de abajo, no en plan de persecución, sino como norma que siempre me impuse, ya que todos tienen que prestar sus trabajos que es lo que necesita Burgos y lo que necesita la nación. Y dicho esto, he terminado porque ya habréis podido formaros un claro concepto de lo que voy a hacer».

Alcaldes del Ayuntamiento de Burgos en el Siglo XX (1937-1949)

El libro repasa 12 años de la historia de Burgos a través de sus alcaldes. Concretamente el periodo comprendido entre 1937 y 1949. Es una continuidad de los tres volúmenes anteriores que abarcaban las alcaldías burgalesas entre 1923 y 1931 y desde 1931 a 1936.

Cuatro son los regidores que tuvo Burgos en este periodo: Manuel de la Cuesta y Cobo de la Torre, Florentino Martínez Mata, Aurelio Gómez Escolar y Carlos Quintana Palacios. A través de sus figuras y de sus decisiones políticas se puede comprender un poco mejor la historia de la capital burgalesa en el incipiente periodo dictatorial y tras una cruenta Guerra Civil.

«Los primeros años del Régimen destacan por la cantidad de honores y medallas con los que se agasaja a los personajes adeptos al Caudillo»

Fernando Cardero Elso

La biblioteca de la Memoria

Alberto Mardones, columnista de La Hora Digital, ha escrito un artículo en el que solicita una biblioteca de La Memoria donde tenga cabida, entre otros, libros como «Presa de Franco».

Desde este blog, por supuesto, apoyamos esta iniciativa y, además, agradecemos las palabras de Mardones que cumplen lo que él se propone: servir de pequeño homenaje a estos escritores/as que tanto aportan a la causa de la Memoria Histórica.

Gracias

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El topo

Cuando lees en el diccionario de la Real Academia la descripción de topo, dice que es un pequeño mamífero insectívoro, de cuerpo rechoncho que abre galerías subterráneas donde vive. Se echa en falta una nueva definición de TOPO y podría definirse así «individuo izquierdista, rojo, que vivió en una habitáculo inmundo -un zulo- durante la Guerra Civil Española y después de la guerra, hasta ser detenido o hasta morir».

Ésta es la historia de Paulino, nacido en el año 1880, en la localidad cántabra de Maliaño, en el Valle de Camargo. Desde muy joven comenzó a trabajar en el área industrial de Santander. En la huelga de 1917 tomó parte directa y en la represalía es despedido de Altos Hornos al considerarle la patronal uno de los cabecillas de la revuelta. Pero en 1925 le surge un nuevo trabajo, debe trasladarse a Burgos a trabajar en el ferrocarril Santander- Mediterráneo. Deja a su mujer y a sus dos hijos en Santander hasta que finalmente la familia se afinca en la capital castellana cuando Paulino sufre un accidente que le impide seguir trabajando.

En 1926 comienza su actividad política. Se afilia al Partido Socialista y a la Federación Obrera. El accidente sufrido le invalida para trabajar, pero percibe una pequeña pensión de la compañía que le permite desde entonces una dedicación principal por conseguir prestaciones sociales para los obreros. Estas posturas a favor de los trabajadores le fueron reconocidas y valoradas por los dirigentes de las Sociedades Obreras y del Partido Socialista, siendo considerado un hombre honesto, integro, austero, con capacidad para obtener simpatía y reconocimiento de las clases trabajadoras. Las clases retrógadas, por contra, veían en Paulino un activista que captaba obreros para la organización y participaba activamente en actos políticos y culturales en la Casa del Pueblo. Pronto se dieron cuenta de que emergía un nuevo líder. Las luchas internas y desavenencias en las izquierdas no permitían encontrar líderes capaces de desarrollar el trabajo de captación de nuevos militantes. Sin embargo, Paulino disponía de esa energía y empatía.
Su implicación en los sucesos de 1934 en defensa de los derechos de los trabajadores, le supuso varios meses en prisión. Cuando recobró la libertad fue elegido Presidente de la Casa del Pueblo y del Partido Socialista en Burgos.

La tarde del 18 de agosto de 1936, en la radio se escuchan las primeras noticias sobre el Alzamiento, la ejecutiva del Partido Socialista en pleno se reúne en la Casa del Pueblo. Las noticias son preocupantes, y como Paulino había sufrido ya dos encarcelamientos lo estaba pasando muy mal. Ante esta expectativa decide no ir esa noche a su casa y duerme en la de un familiar. Acertó, porque el resto de miembros de la ejecutiva fueron arrestados en sus casas por los piquetes falangistas y a los pocos días ejecutados.

Paulino no se encontraba seguro en casa de su pariente, además no quería involucrarlo. Así, una noche, en complicidad con un taxista conocido, se trasladó a su domicilio, donde los hijos habían habilitado en el desván, entre la pared y la chimenea, un habitáculo de 2×2, donde permaneció escondido hasta su muerte.

No se atrevía a salir de su escondite, todos los días piquetes de falangistas preguntaban por él. Su mujer siempre contestaba lo mismo, Paulino el día 18 marchó a Santander y, desde ahí, pasó a Francia y desde entonces no tenemos noticias suyas.

Paulino vivió entre sobresaltos; por llamadas no convenidas, por la tristeza de no poder salir y departir con la gente, por la amargura de no poder asistir al entierro de su hija, por los sinsabores de ver cómo encarcelaban a uno de sus hijos, por el temor a ponerse enfermo, por ver como la Guardia Civil se presentaba en casa para cumplimentar el expediente de Responsabilidades Políticas y le incautaban todos los bienes (6.635 pesetas). Aún así, también disfrutó de buenos días, aquellos en los que podía comprobar cómo sus hijos salían adelante, se casaban y le hacían abuelo.

Sin salir a la calle, viviendo en constante alarma, entre la agonía y el horror transcurren nueve años de su vida. A veces le asaltaba la idea de entregarse, pero la familia le aconsejaba que no lo hiciera. Todos los compañeros habían sido eliminados y, si se entregaba, su suerte sería idéntica. Era mejor dejar pasar el tiempo y que se olvidaran. Tras nueve años escondido, el 5 de diciembre de 1945 su corazón no resistió y Paulino falleció a consecuencia de una trombosis.

Es difícil saber si esta actitud es de cobardes o de valientes. Lo que es, sin duda, una acción de supervivencia. Los rojos en esos años solo tenían tres opciones, entregarse y ser fusilado, huir o esconderse. Unos pocos decidieron esto último, entre ellos, Paulino.
Descanse en paz.

Protocolo de muerte

Hoy ha caído en mis manos un documento fechado en agosto de 1936 firmado por el gobernador civil, General Dávila, donde figuraban 20 nombres de personas que fueron fusiladas y sus cuerpos depositados en algún lugar desconocido de la provincia de Burgos. Me he preguntado si sería verdad aquello que una persona me comentó sobre la manera en que se elaboraban estas listas fatídicas en una ciudad castellana donde no hubo guerra y, sin embargo, ocurrieron más de 3.000 fusilamientos.

Un comercio que existía en la Plaza Mayor de Burgos en los tres años que duró la Guerra Civil nunca cerró antes las siete de la tarde. Se echaba el cierre hasta la mitad, aquellos cierres de hierro ondulado que el dependiente de turno, ayudado de un palo con un gancho en la punta, lograba coger por la argolla y bajarlo hasta una altura donde ya podía hacerlo con sus propios brazos, y dentro quedaba el dueño -un terrateniente rico-, que, además del comercio, poseía varios inmuebles y fincas. Además había sido concejal en varios mandatos. Poco a poco iban llegando; un representante del gobierno, el fiscal de la Audiencia, un catedrático de instituto, el jefe de Falange de la ciudad y un militar enviado por Capitanía. Entre los seis elaboraban la lista de los que al día siguiente o, incluso esa misma noche, iban a ser paseados.

Reunidos los seis comentaban cómo transcurría la contienda y preguntaban ¿a cuántos fusilaron ayer los rojos en Madrid? El representante del Gobierno daba una cifra e, inmediatamente, alguno de los reunidos indicaba el incremento en el número de los enemigos rojos que debían de ser fusilados. El representante del Gobierno sacaba una hoja donde llevaba escrito una serie de nombres que comenzaba a leer. La mayoría de las veces nadie expresaba una opinión contraria hacía los nombres que se proponían. En contadas ocasiones ocurría que alguno de los presentes se oponía porque conocía a la persona o, simplemente, porque el detenido debía un traje al comerciante y, si estaba en la lista, nunca se lo abonaría.

Terminada la velada cada personaje se dirigía a sus menesteres, uno con la lista al Gobierno Civil para pasarla a máquina, redactar el oficio que debía firmar el gobernador y, rápidamente, dirigirse al penal donde el funcionario de turno estamparía una cruz al lado de cada nombre, corroborando así su existencia en el centro penitenciario. El resto de los componentes se evadiría en alguna partida de naipes que tenían lugar en el Salón de Recreo o en el Casino, a la espera del día siguiente que repetirían idéntico protocolo de muerte.  

 

FOTO: Ayuntamiento de Burgos

Matilde Landa

¿Estando tú en la cárcel de Mallorca fue cuando se mató Matilde Landa (1904-1942)?

-Sí, a Matilde Landa la perdimos en esa cárcel. Era tanta la presión que no nos extrañó que llegara a poner fin a su vida o, quizás, fuera un desequilibrio emocional, no lo puedo afirmar, éramos cinco las presas que estábamos con ella y no puedo asegurar lo que la pudo suceder para quitarse la vida, pero ahora que ya no se encuentra entre nosotras puedo decir que Matilde era una mujer de lo más completa que he conocido. Era muy inteligente, con un instinto político fuera de lo común, poseía una vastísima cultura, un compromiso inigualable y una gran capacidad de trabajo, pero para mí, desde el punto de vista de una obrera como soy yo, sin apenas conocimientos, muchas de las cosas que hacía Matilde no las llegue a entender, ni a comprender. Por esta razón me resulta bastante difícil juzgarla. Lo único que puedo decir es que a Matilde la consideraban una presa especial, hasta el punto de que desde aquí, en Palma de Mallorca, la trasladaron en un avión especial.

¿A qué crees que se debían estas complacencias con una presa cuando a todas os trataban tan mal?

-Creo que los nacionales intentaron un acercamiento a su persona, tratarla de igual a igual, Matilde aceptó ese juego que resultaba muy peligroso pues siempre llegaba un momento en que no tenías más remedio que claudicar. El propósito de los nacionales consistía en conseguir que se bautizara.

¿Lo consiguieron?

– No, pero estuvieron a punto. De esta tarea se encargó la presidenta de Acción Católica de Palma. Le ofreció toda clase de prebendas para mejorar su estancia en la cárcel, pero estas ventajas conseguidas las derivaba hacía los niños y las mujeres ancianas. Entre la presidenta y Matilde surgió cierta amistad, es posible que fueran amigas. No se conocerán nunca las causas por las que aceptó bautizarse y la prueba fue que el día que iba a tener lugar el bautismo, hicieron acto de presencia en la cárcel de Palma el gobernador, el obispo y otras personalidades, esperando un gran acontecimiento. Todos aguardaban este acontecimiento para presentarlo al mundo como un gran logro, una célebre comunista se había convertido. Pero el día dispuesto para el bautizo, Matilde se suicidó arrojándose por la ventana de la tercera galería.

¿Qué paso por la mente de esa mujer tan equilibrada mentalmente para suicidarse?

Quizás en el último momento prefirió ese final antes que renunciar a los principios por los que siempre había luchado y no quisiera que esto que os relato pudiera manchar la memoria de Matilde Landa.

Matilde Landa, en junio de 1940 fue trasladada a la prisión de Palma de Mallorca, una de las más terribles cárceles de mujeres de la posguerra española, caracterizada por la masificación y la pésima alimentación. Al igual que en Ventas, Landa se convirtió de inmediato en un referente moral básico para las presas, encabezando las modestas acciones de resistencia que se desarrollaban en el penal.

 

Homenajes

¡Eureka! ¡Albricias! En este mes veraniego de agosto, por primera vez en varios años, no se ha oído hablar del Gibraltar Español; es posible que se haya debido a que el ministro García Margallo cesó en el ministerio y su sucesor, el señor Dasti, se ha dedicado más a encontrar una embajada donde pasar sus vacaciones por la cara que en preocuparse de los asuntos de Estado.

Sin embargo, sí ha existido una polémica a nivel nacional que ha consistido en si debería efectuarse un homenaje al concejal del PP en el pueblo de Ermúa, Miguel Ángel Blanco, que, como todos sabemos, fue asesinado por ETA hace 20 años. Me parece bien que se le haga un homenaje. Pero también me pareció bien que algunos ayuntamientos, regidos por alcaldes de otros partidos políticos, se hayan mostrado reticentes con estos homenajes si no se llevaban a cabo con todas las víctimas. Llevo años estudiando lo sucedido en la Guerra Civil, y Miguel Ángel Blanco se merece un homenaje, pero sería de justicia que dicho homenaje incluyera a estos jóvenes que también fueron asesinados por defender la libertad, la justicia y la democracia.

Eladia Sanz Mugito, en 1936 tenía 22 años, vivía en la Barriada de Las Ventas, en Madrid. Como miembro de Cruz Roja se encontraba con un grupo de milicianos en Somosierra, cuando fue capturada por las tropas rebeldes mandadas por el comandante de caballería, Julio Pérez Salas. Esta madrileña fue enviada a Aranda de Duero y, desde esta localidad, es reclamada por el gobernador civil de Burgos, el general Dávila, quien la envía a la prisión provincial. A los pocos días y sin ningún juicio es sacada de la prisión y asesinada en algún lugar desconocido.

El soldado de infantería del Regimiento de San Marcial nº22 en Burgos, Antonio Santiago Gutiérrez, el día 18 de julio de 1936 no aceptó las órdenes de los capitanes rebeldes de salir a la calle y sublevarse contra el gobierno democrático.

Por este motivo fue encarcelado y, en el mes de septiembre, juzgado por un tribunal militar en el juicio sumarísimo nº345/36. Fue condenado a muerte. La sentencia se cumplió en el campo de tiro de Vista Alegre, a las seis horas del día 6 de octubre.

En la orden de ejecución, compuesta por siete párrafos, hay alguno muy duro:

El cuarto dice así: “la custodia del reo en la prisión central donde se encuentra, desde la entrada en capilla hasta el momento de ser trasladado al lugar de ejecución, se hallara a cargo de los oficiales y fuerzas de la prisión”.

El sexto apartado dice: “En la formación del cuadro, el piquete de ejecución se colocará frente al reo, formando en los otros dos lados, de derecha a izquierda, los piquetes de los demás cuerpos. El mando del cuadro lo tendrá el comandante del Regimiento de Artillería Ligera nº11, don Luis Galligo Kolli.

La celda número Veinte

Desde la fatídica fecha del 18 de julio de 1936, miles de mujeres de todos los rincones de España, que habían sufrido represión y pasado por las cárceles franquistas, en un momento de sus vidas habrán exclamado Yo fui presa de Franco. Seguramente habrán dado a conocer los testimonios vividos.  María, de no haber sido fusilada, habría gritado “Yo estuve presa en la celda número veinte en los sótanos de Gobernación en la Puerta del Sol”.

Éste es el relato de una muchacha detenida por las tropas franquistas en la capital de España. No eran distintas las cárceles de mujeres de las de los hombres, pero sí lo era la celda 20 del Ministerio de Gobernación de la Puerta del Sol, donde fue llevada María. De su estancia, solo malos recuerdos, con una sola excepción; nunca pudo olvidar unos versos, borrosos, deslucidos, escritos sobre la mugrienta pared de aquella maldita mazmorra,  en la que sufrió todo tipo de vejaciones y castigos. Sin duda fueron escritos por alguien que, como ella, sufrió los mismos castigos y que los carceleros no cayeron en la cuenta de borrarlos.

Número veinte

Tú me quitas la tristeza

Número veinte

Tú me das fortaleza

Nunca te podre olvidar

Pues en ella encierra

Tantas emociones

Que nunca se olvidaran

Desde esta celda sin luz

Este es el poema

Que os ha dedicado

Un camarada andaluz

María del Rey era una mujer joven, decidida, alta, rubia, guapa. Nació en Madrid y era socialista. Fue detenida nada más acabar la guerra. Los verdugos buscaban que delatara a los compañeros socialistas que quedaban escondidos en la capital. No lo consiguieron, nada obtuvieron a pesar de lo duro que resulto su estancia en la celda veinte.

En Gobernación era difícil conseguir vivir, las palizas eran inhumanas, no había sitio material para tantos detenidos. Les sacaban al retrete con los guardias. La comida era desastrosa; un caldo por la mañana y un pedazo de pan y unas rodajas de tomate para comer. A eso de las dos o tres de la mañana, subían los detenidos al sitio de los interrogatorios y, si no hablaban, les zumbaban hasta perder el conocimiento. Después los bajaban a la celda y los depositaban en el duro cemento como si fueran un fardo, sin ninguna asistencia médica. Se sufría más que por lo tuyo, por los gritos, vómitos y quejidos que se oían.

Tras varios meses en la celda veinte, a María la juzgaron en consejo de guerra y a condenaron a muerte, acusada de un delito de traición. No volvió a la celda número veinte, porque la trasladaron a la cárcel de las Ventas y la colocaron en la galería de las condenadas a muerte.

Una noche la despertó la luz roja de una linterna sobre su cara y una voz ronca la conmino a vestirse. María sabía lo que aquello suponía, pero reaccionó magníficamente; mantuvo su valor y una serenidad asombrosa y, con su actitud, sostuvo el ánimo de sus compañeras de ejecución en el trayecto tan breve y, tan largo a la vez, que hicieron juntas hasta el patíbulo.

Mercedes (Y III)

La cárcel de Málaga, entonces Prisión Central de Mujeres, era un edifico viejo y destartalado, que había sido en tiempo corral de caballos. Salvo un patio central donde se hacía la vida, las brigadas eran recintos oscuros y lúgubres donde a cada presa le correspondía poco más de dos ladrillos de anchura, aproximadamente 50 centímetros; ahí dormían, ni que decir los problemas que surgían cada noche al hacer las camas, discusiones inevitables, protestas, insultos a los que, finalmente, se acostumbraban.

En la prisión convivían mujeres políticas, presas comunes y muchas reclusas jóvenes con sus hijos, a quienes el director, como gracia especial, permitía que permanecieran en la prisión hasta cumplir los siete años. Como medida especial disfrutaban de unos malos camastros. Daba pena verlos; desnutridos, depauperados. La alimentación en la cárcel, a pesar de que sus madres se quitaban lo poco que nos daban para dárselo a ellos, siempre era insuficiente. La falta de vitaminas y el sol malagueño hacía que su piel estuviera tostada y ajada. A todos estos males se unía que la mayoría eran huérfanos o sus padres se hallaban encarcelados.

Mercedes, junto con sus compañeras presas políticas, muy pronto empezaron a organizarse y a reunirse, constituyendo grupos de defensa, de estudio y de solidaridad. Durante los dos años que permanecieron en Málaga pusieron en marcha, entre otras actividades, un grupo de cultura que ayudó a muchas presas a aprender a leer y a escribir.

El director se dio cuenta de que con su presencia la cárcel se estaba convirtiendo en algo no deseado y quiso quitarse el problema. En la primera ocasión que pudo, las envió a la prisión de Segovia.

Y así terminaba un periplo para Mercedes que pasó durante 18 años recluida en seis cárceles distintas;  Ventas, Alcázar de San Juan, Linares, Córdoba, Málaga y Segovia. Prisiones distintas, pero iguales; con condiciones de vida lamentables y en las que las presas sobrevivían gracias a la solidaridad de unas con otras. En las que vieron como muchas morían enfermas o de hambre o de frío; y otras eran ejecutadas en aquellas terribles noches. Mercedes lo ha podido contar para vergüenza de ese régimen que provocó tanto sufrimiento a España y a los y a las españolas simplemente por pensar diferente.

FOTO: Briega.org